“CRÓNICAS DE UN CEREBRO APASIONADO #31”

¡ESCRITO PARA PASIONES PROHIBIDAS!

A nivel cerebral el beso es uno de los liberadores químicos más potentes y adictivos que podamos experimentar, aunque es perfectamente “aceptado”, en el ámbito social se comprende que es la muestra más íntima de relación entre 2 personas; la carga química generada por este acto es tan potente que por este solo acto es posible enamorarse, pues es este el medio por el cual biológicamente el macho impregna a la hembra con testosterona (responsable del deseo sexual).

Si bien la liberación de “deseo” se inicia con algo tan sencillo como la dopamina y un toque de adrenalina (si has seguido el hilo de estas crónicas comprenderás la gran producción de estos elementos en la aviación) se busca la gratificación, hablándolo a nivel sexual, se traduce en el beso. Como ya mencioné, biológicamente es la impregnación de la testosterona, en aviación podría traducirse en el hecho de impregnarnos con el aroma de la turbosina, porque ¿Quién no anhela ese perfume?

Entonces se produce la oxitocina a borbotones (responsable de fijar el recuerdo del momento con los refuerzos positivos de lo vivido) y más allá de eso, con el solo hecho de recordarlo los flujos químicos vuelven a invadir nuestro organismo sin que podamos controlarlo.

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Dentro del ámbito aeronáutico trascender este tipo de acercamiento resulta mucho más común en las mujeres que en los hombres (ellos se quedaran en el proceso previo, manteniendo latente la recompensa) sin embargo, ambos géneros reflejan la asociación de los momentos vividos previamente, ambos casos mantienen el patrón cerebral de la obsesión y cruzar este límite conlleva mucho más que un suceso, una adicción.

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                                            ¡Reconsidera el límite de tu pasión!